"Una bonanza asombrosa embarga todo mi espíritu, idéntica con la madrugada apacible de primavera, que paladeo hasta lo último de mis entrañas" Goethe

jueves, 3 de octubre de 2013

Los viernes

 
-Em dol saber que no podrem partir-nos
mai més el pa, ni fer-nos companyia;
però d'aquest dolor en trec la força
per escriure aquests mots i recordar-te.
Més tenaçment que mai, m'esforço a créixer
sabent que tu creixes amb mi: projectes,
il.lusions, desigs, prenen volada
per tu i amb tu, per molt distants que et siguin,
i amb tu i per tu somnio d'acomplir-los.
Te'm fas present en les petites coses
i és en elles que et penso i que t'evoco,
segur com mai que l'única esperança
de sobreviure és estimar amb prou força
per convertir tot el que fem en vida i
acréixer l'esperança i la bellesa.-
 
Lletra a Dolors-Miquel Martí i Pol
 


 



Voy a hablar de ella.

Los viernes siempre habían sido el mejor día de la semana. Des de que tengo memoria la recuerdo allí esperándome. Bajaba corriendo la escalera de caracol y antes de poner un pie en el siguiente escalón ya controlaba donde me aguardaba su delicioso bocadillo. Los mejores bocadillos que jamás haya probado. Espero que me perdonéis, pero me guardo el secreto para mis nietos, si algún día los tengo. Pero para que entendáis como era debéis saber una cosa; como toda comida la merienda tenia sus postres. Una tableta de chocolate con naranja. Lindt.

Malditos viernes, como los hecho de menos.

Cuando empecé con el piano fueron también muchos martes con ella. Le encantaba escucharme tocar el piano.
Pero bueno, no os quiero aborrecer con los martes musicales. A lo que iba. Después del bocadillo subíamos de la mano hacia su casa. Recuerdo la luz que había allí. Os parecerá una tontería pero los viernes la luz de esa lámpara de papel era más calida, más hermosa que nunca.
Solíamos ver los concursos de baile que daban por el canal 33. Y cuando él aún bailaba se ponían los dos delante de la tele y los imitaban. Los mejoraban. No se si habéis tenido el privilegio de haberlo visto alguna vez, pero cuando el baile y el amor se juntan, es algo imparable.
Cuando el sol ya se escondía preparábamos con cuidado la cama. El olor de las sabanas limpias empapaba toda la habitación y me envolvía para no volver al mundo real. Sus zapatillas con cuña, demasiado grandes para mis pies, me hacían sentir mayor, y su mano no me dejaba hasta que me dormía.


Hecho de menos los viernes.

Y la hecho jodidamente de menos a ella.

Así que he decidido que voy a volver a tener los viernes.

 

jueves, 28 de marzo de 2013

Impermanencia, qué palabra más dura.


Cuando vives con un budista empiezas a incorporar palabras en tu vocabulario que antes no solías utilizar.
Impermanencia, qué palabra más dura.
Entonces te das cuenta que posiblemente la habías estado evitando dado el elevado grado de complejidad y el apuro en que pone a tu cerebro, así que decidí coger el mando y me planté diccionario en mano en medio de la batalla del entendimiento. Según la muy honorable Real Academia Española, se entiende por permanencia la duración firme, constancia  perseverancia, estabilidad e inmutabilidad. Así que entendemos por impermanencia la negación de estos estados.

Pero ni la RAE consiguió aclarar mis ideas y mis dos hemisferios están ahora aún más divididos. El izquierdo sigue apostando sin dudar por la lógica, las evidencias científicas y la racionalidad. Pues claro, se ha dedicado toda su vida a procesar la información mediante el análisis, descomponiendo los problemas en pequeñas piezas y examinándolas una por una. Él es un seguidor convencido de Antonie Lavoisier, el cual afirmaba que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Por lo tanto, es aún más complejo aceptar la impermanencia partiendo de esta afirmación, pues si toda materia se transforma y nunca se destruye todo permanecerá, aunque sea en formas distintas.

Cuando parece que las ideas se van aclarando aparece el derecho para contraatacar. Llega con fuerza, está acostumbrado a luchar por las sensaciones que cree firmamente, a sentir y a analizar la información mediante la síntesis. No solo estamos hechos de materia, piensa indignado y argumenta que al adentrarnos al mundo de los sentimientos podemos comprobar que todo lo que una vez provocó cualquier tipo de sentimiento en nuestra persona no nos será ya nunca más indiferente, aunque reconoce que nuestros sentimientos hacia lo que nos rodea varían al avanzar nosotros hacia el incierto futuro. Así que se declara partidario de Heráclito, defendiendo que lo único permanente es el cambio.

Finalmente se dan la mano, se conceden una tregua. Hemos llegado a una conclusión; la materia no desaparece, al igual que los sentimientos, pero se encuentran en constante movimiento, cambiando sin parar a cada paso que damos. Así que podemos afirmar que todo cuanto nos rodea es impermanente pues necesita estar cambiando constantemente para poder avanzar. Y es solamente cuando Lavoisier y Heraclito disfrutan de una cerveza juntos, cuando aceptamos esta impermanencia como algo positivo, y podremos al fin ser capaces de disfrutar del momento.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Aceptación


Llegó y lo soltó sin más.

...

La sangre se me calienta poco a poco. Pronto empezará la ebullición y todo mi cuerpo se romperá en pedazos sin ser capaz de soportar la presión que esta ejerce contra las paredes que me sujetan.
Por suerte ahora reposo en un banco de la ciudad. Estando aquí sentada  me pregunto como puede ser. Como puede existir alguien así. Como alguien con un organismo parecido al mismo que pocos segundos antes ha llegado a la ebullición es capaz de dañar a otro ser, siendo totalmente consciente de ello. En que maldito momento un ser humano puede romper todos sus huesos y convertirse en pus.


...

La sangre se va enfriando. El tiempo va corriendo al mismo ritmo que siempre, y aquí estamos. Ella y yo. Las de siempre, un poco más nosotras.
Estando aquí sentada he dejado de preguntarme, y en vez de eso he empezado a aceptar.

Podría terminar este relato de un modo romántico, diciendo que la gente buena compensa a los hijos de puta, pero no creo que sea verdad. He empezado a aceptar. Aceptar que el pasado no se puede modificar. Aceptar que aún hay pus, para que engañarnos, pero sin embargo un mundo mejor es posible. He empezado a aceptar y a creer. A creer que con esfuerzo y dedicación ciertas conductas pueden ser modificadas atacando a la raíz del problema. Pero para creer en esto tenemos que ser conscientes de nuestra capacidad de superación.

Y si flaquean las fuerzas que mejor que la sabiduría de Erich Fromm;
 
"Las utopías realistas persistirán mientras las personas sean conscientes de su potencial de superación. Y estas mismas personas, cuanto más procuren ser autoras y protagonistas de su vida, y estén dispuestas a pensar, sentir y obrar con sus propias fuerzas, tanto más desarrollarán sus capacidades para la razón y el amor. Esta es la tarea que les permitirá vivir con plenitud y relacionarse con sus semejantes sin perderse a sí mismas"





viernes, 14 de diciembre de 2012

M. Benedetti








"Y para estar total, completa, absolutamente enamorada, hay que tener plena conciencia de que una también es querida, que una también insipira amor" Mario Benedetti





Fotografia: Andrés Serrano




miércoles, 12 de diciembre de 2012

Clac


M’apropo lentament. Intento il·luminar tan com puc. Avui no puc tornar a fracassar. Les fulles dels arbres entre les que m’esmunyo segueixen tan verdes com sempre. M’agrada tan topar-me amb elles. Reconec que avui m’acosto amb por.

 La gent camina amb monotonia. Tothom al mateix ritme. Primer el peu dret, després l’esquerre. Una acció mecànica. Avui em toca fer el sopar. Ostres, he deixat la roba a la rentadora. Hauria d’estudiar, he d’aconseguir el títol com sigui. Corre, corre que perdré el bus i hauré de fer aquell transbord tan insuportable. Quina merda, un altre cop cap a la feina. Potser m’hauria de plantejar un canvi de vida. Tu calla, que vols replantejar-te? Necessitem els diners. No arribaré a temps per fitxar. Quina nit que m’espera, el tdt no funciona. Una altra tarda a recuperar hores. Tan és. Tampoc tenia res millor a fer.

Un altre cop no. Les cares apagades de sempre. Començo a creure que la meva feina no és agraïda per ningú. De cop veig una noia que s’acosta a poc a poc. Els seus peus toquen amb suavitat el terra de Barcelona. Un rere l’altre es van alternant per no deixar mai sola a la bonica ciutat. Sembla que camina sense presses. Potser la meva sort ha canviat. Decideixo apropar-m’hi a poc a poc. L’enlluerno un segon i un somriure ho inunda tot.

Per sort m’ha acariciat la cara. Ha sigut un petit moment. CLAC. Però el suficient per haver-lo pogut fotografiar. Paro un instant. Els braços de Barcelona m’abracen amb delicadesa i deixen que els meus peus reposin per un moment. Noto com m’escalfa la cara. Ha arribat en el moment clau per fer-me creure que les coses poden canviar. Portava uns dies rumiant sobre la condició humana. Dia rere dia, m’he anat fixant en la gent que camina en direcció contrària a la meva, i quines cares! M’agradaria parar-los, agafar-los per les espatlles, sacsejar-los un moment i cridar que s’aturin. Que respirin. Que mirin. Que gaudeixin del paisatge. Que gaudeixin del sol, dels arbres. Que siguin capaços d’assaborir els petits moments de cada dia. No m’agrada massa generalitzar, però crec que molta gent ha agafat com a costum idear projectes llunyans, a llarg termini, perdent així  el dia a dia. Sent incapaços de somriure perquè un arbre et saluda mentre passes pel seu costat en el precís instant en que un raig de llum t’acaricia la cara.

Tocadiscs


Billy Joel gira al tocadiscs. Aparto un instant els ulls del llibre i el veig. El veig com mai havia vist ningú. Com sempre l’he vist a ell. La novel·la m’absorbeix completament. Porta estona mirant-me. Com mai havia vist ningú. Com sempre m’ha vist a mi. Amb delicadesa passa a Simon & Garfunkel. Una llàgrima recórrer la seva pàl·lida pell fins desaparèixer pel coll. Tanco el llibre i l’abraço.

Diez polvorones




Este año se va a comer diez polvorones.


El día ha amanecido nublado. Parece que el sol quiere salir, pero las nubes se lo impiden con insistencia. Tal vez por eso cuando la veo aparecer en el salón con su bata de algodón, una sonrisa triste impregna su cara. Cada mañana se queda un buen rato de pié, en el umbral de la puerta que separa su dormitorio del comedor, mirando por la ventada, esperando ver salir el sol, aunque negras tormentas se lo impidan ver. Pero hoy me ha mirado a mi, confiriendome un protagonismo al que no estoy acostumbrado, como si ya supiera que seria el único testigo del día más triste de su vida, pero a la vez el más feliz. El día en que se lo arrebataron todo, y se lo devolvieron todo a la vez.

Es una mujer realmente bella. Llevo ya diez años con ella y no ha habido un solo día en que su cuerpo no me haya parecido más hermoso que el anterior. Cada una de las arrugas que marcan su piel se acomoda en ella a la perfección. Cómo si su cuerpo no pudiera entender una vida sin ellas.
Mientras se prepara un café le acaricio lentamente la cicatriz. Debió sufrir tanto antes de conocerme. La jodieron bien jodida esos malditos cabrones. No tuvieron suficiente con arrebatarle a su gran amor. Necesitaban dejarle una marca para que cada día, al ponerse las medias negras la rozase con los dedos. Para que lo llevase siempre encima, grabado en el cuerpo. Como si no tuviera ya suficiente con llevarlo grabado en sus ojos. Unos ojos profundos, de los que nunca nadie ha logrado volver. Los ojos más tristes que jamás haya visto.
Se sienta en el sofá. El café en una mano y el libro en la otra. Así pasa la mañana. El café enfriándose en la mesa, y ella absorta en su libro.

Llevamos ya años celebrando una navidad distinta. Los diez que llevamos juntos. No le gusta este día, no tiene nadie con quien celebrarlo, no tiene nada que celebrar. Su amor se fue una madrugada de diciembre del 39. Cuando despertó, encontró la cama que tanto calor le había dado la noche anterior más fría que nunca, aunque el sol acariciase el lado vacío. Vacío de vida, lleno de amor plasmado en un papel: “Cada día que el sol salga a defender sus ideales pensaré en ti. Jamás me perdonaría que te pusieran un dedo encima. No te pueden relacionar conmigo. Recuerda mi amor, cada día el sol  saldrá a defender el cielo, aunque negras tormentas te lo impidan ver”.
Pero su partida no sirvió de nada. No la protegió del frío invierno, ni del negro porvenir que nos esperaba. Los fascistas llamaron a la puerta, aunque él no estuviera. Se la llevaron y tocaron su cuerpo. No con un solo dedo. Cuando volvía a casa me recogió en la calle. No me conocía de nada, pero pensó que la presencia de un animal de cuatro patas le aliviaría un poco la soledad que se había instalado en su corazón. Así fue como la conocí. Con los ojos tristes. Con los ojos vacíos. Vacíos de esperanza, perdidos en amor. Llenos de sufrimiento y de rencor.
Así fue como pasamos la primera navidad juntos. Comimos patatas asadas y un polvorón.
Para no olvidar, para no perder la tradición, para no traicionar a su amor, cada navidad comemos patatas asadas y  polvorones. Uno más cada año que pasa. Como si quisiera esconder su desesperanza en el azúcar. Como si quisiera morir con una sobredosis de este mismo cuando la tristeza de los años pasados ya no fuera soportable.

Este año se va a comer diez polvorones.


En el preciso instante en que empieza a desenvolver el ultimo llaman a la puerta.
Soy el primero en llegar allí. No puedo evitar ladrar. Algo en el ambiente me altera. 
Se levanta con parsimonia, debe estar muy llena con tanto polvorón dentro, pero finalmente llega hasta la puerta. Busca las llaves. Las encuentra en la mesita de madera, y cuando logra atinar en el agujero unas lagrimas densas empiezan a brotar de sus ojos. Siente su presencia, y efectivamente allí está. Delante de sus ojos. Tantas veces lo había soñado, pero no sabe como reaccionar. Todas sus terminaciones nerviosas han quedado bloqueadas. No logra mover un dedo. No logra mover los ojos. No logra mover el corazón. Solamente se mueven sus lagrimas, resbalando por su cara, tan pálida como la nieve. Como la nieve que lloró el cielo la noche en que él se fue.
Su cuerpo no logra reaccionar, pero él tampoco le da tiempo. Empieza hablar, desde el rellano. No quiere entrar. No puede entrar. “Lo siento”. Así empieza el monologo que desmontó su vida. El monologo que rompió sus esquemas. El monologo que se lo arrebató todo y se lo devolvió todo a la vez.